CARTA A UN AMIGO
Hola:
He tenido en mente escribirte esta carta hace unos días atrás, hoy cuando me levante, encendí el ordenador y empecé a escribir; no te prometo una carta solemne, ni tampoco algo memorable, pero hare un esfuerzo por darte a entender mejor mis sentimientos hacía ti.

Quiero darte las gracias, ¿Gracias por qué? Te preguntarás; pues “gracias por haber coincidido en esta vida conmigo”, no he sido exactamente el mejor de los amigos, pero esos ratos juntos me impulsan a escribirte por lo menos estas líneas, en memoria de esta vida donde transitamos solos, pero que a ratos, las rieles de nuestros corazones se cruzaron dando como fruto el milagro de la amistad… ¡Nuestra amistad!

Estoy seguro que no ha sido fácil tener un amigo como yo, a veces no he sabido contestar el teléfono, ni enviarte un correo electrónico para saber si te encuentras bien.

Las pocas veces que compartimos tuve el chance de abrirte el corazón, instantes donde estuviste ahí para recoger mis mejores bromas, mi misterioso silencio, mis lagrimas injustificadas y cada travesura compartida... son muchos recuerdos los que vuelan a mi mente como una manada de pájaros que migran en invierno; me traen la tranquilidad de saber que puedo aferrarme a estos recuerdos para saber que no estamos tan solos como lo pensamos.

Tenemos momentos en la vida entre buenos, malos y vacios; espero haber estado hay contigo para compartirlos o al menos para recogerlos en una oración al supremo Dios que he aprendido a escuchar y también a ignorar; pero que aun así me sigue observando cómo esperando algo de mí, algo que no estoy seguro de poder entregarle. Pero esas son cosas que sabré cuando mi último aliento se pierda en el aire difuso de este mundo.

Me encuentro sentado frente al ordenador llenando mi mente de recuerdos, pero no los veo tan claros como tu rostro en una exposición de fotos en mi cabeza, fotos de esos momentos que hicimos nuestros y que están publicados en una enorme pared llamada pasado, donde te veo con esos ojos llenos del gozo de saber que estamos vivos, de saber que aun podemos creer en la buena amistad que Dios nos ha regalado.

Disculpa mis errores, sabes; los amigos no somos perfectos, seguramente porque somos personas y las personas nos equivocamos. Como parte del paquete con el cual fuimos creados vinimos con esta falla de fábrica, pero al no ser perfectos fallamos, erramos, aprendemos y tal vez nos convertimos en mejores personas después. ¿No crees?

Quiero recordarte con todo esto que eres especial, que eres una bendición, pero sobre todo que te considero mi amigo porque me soportaste en los malos ratos y eso solo puede merecer un sincero: Gracias.

Pero como me gusta ponerle mi toque a estas palabras terminare esta carta diciéndote: ¡Gracias por existir!

Tu amigo Denis Robinson.